de los días de trabajo, el fin de las vacaciones yla dolce vita.
Lo hacemos sin reconocer que lo que realmente nos molesta y nos da miedo no es que se
terminen las vacaciones y el rascarse la barriga, sino el reencontrarse de nuevo con viejos
miedos que por un momento habíamos aparcado,
o el darse cuenta que al final los propósitos no son más que eso: palabras... que al final acaban cayendo en el olvido.
Nos asusta afrontar de nuevo los días sin los abrazos de mentira o brindis que encierran penas ahogadas.
En el fondo no somos más que un animal de costumbres... y de posturas.
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