Subimos a lo más alto y nos dejamos caer. La velocidad nubló las mentes y por el camino perdimos el sentido de la orientación. Dio igual la velocidad, el rozamiento y la energía potencial. Nos fundimos en un solo cuerpo y la confianza no dio asco.
Ser ligero nunca fue importante; las valentías se caen a peso... y con ellas van cayendo uno a uno cada sueño.
Fue difícil divisar el suelo. Sin querer, nos resistimos a creerlo e hicimos como si el viento todavía sacudiese nuestro pelo.
Las historias siempre se ven mejor desde arriba, dónde el ponerse en pie y el cómo hacerlo nunca importan. Dónde volar es posible y el final está lejos.
Siempre me gustó ver las historias desde arriba...