del viaje entre las constelaciones
siento un ataque de vértigo.
Si no soy capaz de encontrar
la estrella polar que marque
el norte, el sur o el camino
para no desviarme del discurso
improcedente entre tanto lastre
de palabras y ausencia de besos.
No soy quién de interponer
mis preferencias al sol y la luna
en un eclipse de mareas
en el que las sirenas varadas
se pierdan el postre de arena
o los momentos pegados con miel.