Un batallón de rayos de luz,
una ráfaga de viento, el mar.
Brisa salada, arena caliente,
olas enfadadas con la gravedad.
Tiempo, tiempo y más tiempo,
soledad, ¿ya no estás?
Qué se joda el invierno.
Durante los días más fríos de invierno
suenan canciones con olor a verano.
Y la sangre roza más fuerte mis venas
y me calienta y apacigua por dentro.
Cuando llegan los días tristes de invierno
busco incesantemente la salida al laberinto,
convencido de encontrarla a la vuelta de cualquier esquina
sin caer -maldita sea- en que el laberinto soy yo mismo.
En la orilla de enero han comenzado ya a batir las olas,
desgranando, sin quererlo, grandes piedras en arena,
convirtiendo las ideas en ilusiones pequeñas.
Da comienzo así otro capítulo de la historia interminable.
Un nuevo día que llenar con puntos, acentos y comas,
al que llenar, como a la vida, con faltas de ortografía.