Con sólo un roce basta
para querer cobrar el finiquito
del contrato verbal inscrito
en cada uno de tus pasos.
Me desnudas con tu espada
y pierde el sentido lo que digo,
sólo queda esperar el castigo
que dictamine el bermellón
[de esos labios.
Hagamos esta noche un trato,
desagámonos de prólogos furtivos
para acortar la distancia del camino
que separa tus besos de los míos.