Erramos al pensar que gira el universo a nuestro alrededor. A veces no está mal pararse y respirar, refugiarse de la tempestad. Rompamos las cadenas que no nos dejan llegar corriendo al mar, dejémonos llevar por las mareas, aunque no sepamos navegar...
Me cosí la vergüenza a la cola de una golondrina y la dejé escapar y fundirse a lo lejos. Convencí a la razón para encontrarnos a solas, para dar rienda suelta y perder las maneras. Le vendí el corazón a una paloma mensajera, y al final del día la dejó en tu puerta.