Nos encanta ponernos etiquetas unos a otros, como un círculo vicioso. Un gran circuíto que se va retroalimentando con cada nueva persona que añadimos a la lista de visitas.
Nos emperramos en aferrarnos a pequeños detalles para saber si debemos tirar o no a una persona a la papelera de reciclaje; sin ni siquiera darnos cuenta que nosotros mismos somos pequeños detalles que miles de veces pasamos por alto y que miles de veces hubiésemos desechado.
Nos emperramos en aferrarnos a pequeños detalles para saber si debemos tirar o no a una persona a la papelera de reciclaje; sin ni siquiera darnos cuenta que nosotros mismos somos pequeños detalles que miles de veces pasamos por alto y que miles de veces hubiésemos desechado.
Las grandes cosas se comportan como un rebaño de esos pequeños detalles, contrarrestándose y entrelazándose unos con otros.
Pena que últimamente esté de moda perder el gusto por las infinitas pequeñas cosas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario