no me dedicaste una sonrisa,
una mirada de sirena sin playa,
miénteme y admite que era mentira.
Miénteme como sólo tú sabes,
llegándome hasta las entrañas
con tu ejército de palabras amables,
y si no sana hoy, sanará mañana.
Miénteme, valiente sin espada,
aunque no hubiera sonrisa ni mirada.
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